LA ARQUITECTURA COMO HERRAMIENTA DE CONTROL  Reseña del libro 'La arquitectura del neoliberalismo', de Douglas Spencer

por Carlos Verdaguer Viana-Cárdenas [1]  

Hablar actualmente del neoliberalismo conlleva dos problemas epistemológicos, el primero derivado de la propia indefinición del término, convertido en un no-concepto vacío de contenido, una suerte de mantra que desde hace décadas concentra todo lo maligno del sistema capitalista y la economía de mercado, como denuncia Naredo en su libro La Crítica Agotada.

Por otro lado, en un momento de rearme arancelario y de aparente contraofensiva nacional-populista contra el mercado global amparada por un pensamiento reaccionario en alza que pone en duda hasta los más tímidos avances de la vieja socialdemocracia,  muchos de los rasgos críticos comprendidos bajo la etiqueta neoliberal contra los que ha venido luchando el pensamiento emancipador parecen haberse diluido e incluso invertido, sumiendo a la crítica progresista en el desconcierto.

Es imprescindible iniciar con esta salvedad el comentario a un libro escrito y publicado cuando Donald Trump aún no había conseguido su primera candidatura, pues es la primera impresión que sugiere su lectura. Por otra parte, también habría que ser cauteloso con el término arquitectura contemporánea que utiliza el subtítulo, abusivamente generalista.

Hechas estas salvedades, el texto del Spencer constituye sin duda una rigurosa y exhaustiva y por momentos apasionante exploración de cómo a partir de finales de los años 70, y tras la explosión de mayo de 68, se ha ido construyendo un discurso que valida los rasgos propios del 'neoliberalismo' en el ámbito de la teoría y la práctica arquitectónica a partir de un conjunto de materiales en el que confluyen desde la teoría crítica y la teoría de sistemas hasta las utopías tecnológicas contraculturales británicas y estadounidense, la llamada French Theory, con Lyotard, Baudrillard, Foucault, Deleuze, Guattari, e incluso Debord en primera línea, y en torno al eje de la teoría de complejidad y el  concepto de autoorganización y autopoiesis, con Maturana, Varela y Luhman como valedores.

Se agradece este rigor en la exploración, aunque bien es cierto que decir a estas alturas que Rem Koolhaas, Zaha Hadid , Zarea-Polo y oficinas como OMA, FAO, NOX o MAD entre otras,  y sus propuestas espectaculares en las que los planos se entremezclan y las pieles metálicas perforadas crean hipnóticas envolventes porosas, constituyen el epítome de un pensamiento neoliberal caracterizado por la idea del ciudadano-consumidor-emprendedor, el individualismo a ultranza, la competencia salvaje y el desprecio a la nostalgia, podría considerarse tal vez una perogrullada.

En otro orden de cosas, y a pesar de la encendida defensa que hace el autor de la necesidad de la crítica arquitectónica para poner de manifiesto y denunciar este discurso que consolida una verdadera ideología arquitectónica radicalmente conformista, se echa en falta la referencia a otras vías ya consolidadas para esta crítica, algunas de ellas, no tan paradójicamente, basadas en los mismos andamiajes teóricos y otras, desde mi punto de vista las más prometedoras, fundamentadas en lo que podríamos denominar el paradigma ecológico, atentas a la lógica de los recursos, los flujos de energía y materia y la crisis ambiental, todo ello ruidosamente ausente de las reflexiones del autor.

  [1] Este texto corresponde a la reseña del  libro La arquitectura del neoliberalismo. Cómo la arquitectura contemporánea se convirtió en un instrumento de control y sumisión, de Douglas Spencer (Puente Editores, 2025), publicada en versión editada en el número 276 de Julio-Agosto de 2025 de la revista Arquitectura Viva, página 56   
NOX y Koolhaas