RUIDO Y PATIOS ESCOLARES: ABRIENDO EL MELÓN
Por Màrius Navazo
En 2024 varios patios de escuelas de Barcelona fueron precintados y clausurados, a raíz de las denuncias de personas residentes respecto a las superaciones de los límites legales de ruido. Puede parecer inverosímil, pero la clausura fue real durante meses.
Y no hace falta preguntarse quién estaba antes, si las escuelas o los pisos de alrededor; sería demasiado simple. Lo que resulta necesario abordar es qué queremos que sean nuestros pueblos y ciudades, y qué debe poder hacerse en ellos.
Por el momento, en marzo de 2025 el Parlamento de Cataluña aprobó por unanimidad la Ley 4/2025, de 26 de marzo, de modificación de la Ley 16/2002, de protección contra la contaminación acústica. Esta modificación excluye del cumplimiento de los límites de ruido de la propia ley las actividades lectivas, extraescolares, de ocio, culturales y deportivas que se realizan en los patios de los centros educativos entre las siete de la mañana y las nueve de la noche, así como también las actividades deportivas que tienen lugar en los equipamientos deportivos en la franja horaria comprendida entre las nueve de la mañana y las diez de la noche. Por tanto, los patios precintados pudieron ser reabiertos la pasada primavera.
Cabe decir que esta modificación de la ley fue precedida de algunas campañas, una de las cuales fue "El sonido de los niños en el patio de la escuela no es ruido", liderada por el Instituto de Infancia y Adolescencia del Ayuntamiento de Barcelona. En esta campaña se subrayó la importancia de los patios escolares en relación con el derecho de la infancia al juego, al descanso y al tiempo libre, el derecho a la salud física y mental, así como también se reconocía su papel en la vida comunitaria y la cohesión social. En definitiva, se ponía de manifiesto que los patios de las escuelas son un espacio de vida al servicio de toda la comunidad.
Totalmente de acuerdo. Ahora bien, es necesario reconocer que la casuística de la infancia en los patios escolares es meramente un caso particular dentro de un contexto mucho más amplio. Es decir, y utilizando la diferenciación terminológica que ha hecho la campaña entre sonido y ruido, quizá el lema debería ser "El sonido de la gente no es ruido". Sin diferencia de edad (infancia) y sin distinción de lugar (patios escolares). O, dicho de otro modo, ¿es que sólo tienen derecho a la salud física y mental, el ocio y el juego, las personas de poca edad? Evidentemente, no. ¿O es que los espacios para la vida deben confinarse y recluirse únicamente en los patios escolares? Evidentemente, tampoco. Calles y plazas deben tener, precisamente, esta vocación de espacios de vida al servicio de toda la comunidad.
Por lo tanto, se podría decir que esta campaña abrió el melón sobre el sonido que emitimos la gente cuando nos reunimos, para cerrarlo enseguida, afirmando que niños y niñas jugando en un patio no se pueden considerar ruido. Claramente, la decisión sobre qué es (o no) ruido tiene poco de técnico y mucho de ideológico o político (en el buen sentido de la palabra). Así, en este mismo sentido, deberían ampliarse las excepciones de la ley a un abanico mucho más amplio de casos, que contemplen la vida de la gente en las calles y las necesidades de todas las personas que vivimos en pueblos y ciudades (también la juventud, la adultez y la vejez). Aun y sabiendo que la vitalidad humana en las calles puede generar molestias. Pero estas molestias deben tolerarse en nombre de un bien superior, que es –precisamente– la vida en comunidad.
De hecho, como fue desarrollado en otro sitio, nuestra sociedad tolera demasiado bien los daños que ocasiona el modelo de vida del adulto hegemónico (por ejemplo, muertes y enfermos asociados al tráfico, a través de accidentes, contaminación del aire y ruido), mientras que se muestra muy intolerante con las molestias (que no daños) que generamos las propias personas cuando disfrutamos de compañía. Así, esta intolerancia induce a que la vida en pueblos y ciudades sea bien vista básicamente para trabajar, consumir y encerrarnos en casa a mirar Netflix e Instagram, usando las calles para desplazarnos y disfrutando de ellas fundamentalmente para pasear. Ahora bien, ¿son estos los pueblos y ciudades que soñamos? ¿Es esta la vida que anhelamos?
En definitiva, parece que el tema de la infancia y los patios escolares se ha entendido sin dificultades y rápidamente se ha modificado la ley. Seguramente, todo lo que rodea a las escuelas –como también sucede con la transformación de las calles escolares–, siempre genera mayores consensos y complicidades. Ahora bien, el reconocimiento de que el sonido de la infancia en los patios no es ruido, debería ser un primer paso para ir abriendo el verdadero melón: ¿el sonido de la gente es ruido? ¿Cuándo sí y cuándo no? ¿Siempre? ¿Nunca?

Imagen de una de las campañas ciudadanas organizadas el año 2024.
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