OTRO MODELO ENERGÉTICO ES POSIBLE Reflexiones preliminares sobre el gran apagón
por Carlos Verdaguer Viana-Cárdenas

Tal vez la lección de las radios de pilas, recuperadas apresuradamente de los trasteros para aliviar el colapso de una hiper conectividad mal entendida y recuperar otra forma de comunicación colectiva menos autista que las mal llamadas redes sociales, pueda resultar útil para abordar los retos del modelo energético.

Aunque es pronto para apuntar las causas originales de la súbita desconexión , las primeras aportaciones de los expertos apuntan todas en el mismo sentido: el actual share mayoritario de las  renovables en el mix energético conlleva una fragilidad en términos de inercia del sistema en su conjunto, es decir, de capacidad de hacer frente de forma automática a los desequilibrios puntuales en la estrecha relación entre oferta y demanda sobre la que descansa la totalidad de un sistema energético complejo e íntimamente imbricado. Las pesadas turbinas inherentes a las formas de producción energética no renovable, incluida la nuclear, habían asegurado hasta el momento dicha inercia en términos puramente físicos, basándose en la masa misma de estas gigantescas piezas. La inexistencia de estos elementos en el proceso de producción de la energía eólica y solar contribuiría a la inestabilidad  del sistema.

Aún compartiendo un mismo diagnóstico, estas primeras aportaciones divergen en cuanto a las soluciones: en un extremo, se sitúan las que sugieren que el share de renovables es excesivo o que su incorporación ha sido demasiado rápida, y que,  por tanto, no es aconsejable el abandono de las otras formas de producción, haciendo especial hincapié en las nucleares; en el otro extremo, se encuentran la que dirigen el foco hacia el sistema de gestión de las compañías energéticas y especialmente al enorme peso de las empresas privadas en dicha gestión. La búsqueda prioritaria del beneficio económico de estas últimas se ha traducido en una gran resistencia a hacer las inversiones imprescindibles para asegurar la correcta integración de las renovables en el sistema, garantizando la inercia del mismo y, por tanto, su resiliencia frente a los desequilibrios entre oferta y demanda.

Aún siendo fundamental el debate en estos términos, desde la óptica del paradigma ecológico la ocasión parece idónea para ampliarlo e incluir en el mismo la cuestión crucial de la descentralización energética. Es sin duda el momento de recordar el carácter intrínsecamente local de las energías renovables y, por tanto, su enorme potencial en términos de descentralización, autonomía y autosuficiencia. Cualidades todas que, naturalmente, están reñidas con las economías de megaescala que precisa un modelo energético basado en la economía de mercado.

Desde la óptica ecológica, sin embargo, es imprescindible, seguir explorando y profundizado en el amplio abanico de soluciones de aprovechamiento energético  local que nos ofrecen las energías renovables a través de elementos tales como los paneles térmicos para el agua caliente sanitaria, las microturbinas eólicas, la energía geotérmica de baja entalpía,  las celdas de hidrógeno, los sistemas de cogeneración, el aprovechamiento energético de la biomasa  y, sobre todo y en primer lugar las soluciones de diseño pasivo y basadas en la naturaleza en el ámbito de la arquitectura, el urbanismo y la ordenación territorial que pueden contribuir a reducir en una enorme medida la demanda de energía primaria.

Como ocurre en cualquier otro ámbito relacionado con las grandes opciones en cuanto a la configuración física de nuestras ciudades y territorios, las soluciones no pueden ser simples ni provendrán de la magnificación de un único vector contemplado como panacea, sino de una combinación sabia de las múltiples dimensiones en juego y, por tanto, el debate deberá girar en torno a cuándo y en qué medida son deseables las soluciones descentralizadas y cuándo la centralización a una mayor escala puede ser la solución óptima en términos ecológicos y sociales. Esta perspectiva desde la complejidad es la que puede permitir abordar retos tales como la competencia entre usos del suelo entablada entre la producción fotovoltaica y eólica a gran escala, la producción agrícola y ganadera, el mantenimiento de los ecosistemas y  la conservación de los paisajes culturales.

Este debate que apunta en último extremo a un cambio en las relaciones entre sociedad, estado y mercado, consustancial al paradigma ecológico, sólo puede ser abordado desde la más rigurosa horizontalidad democrática, por ingenua que esta constatación pueda parecer en tiempos de fascismo rampante. Sin embargo, la resiliencia, la solidaridad y la capacidad autoorganizativa de las que una y otra vez ha dado muestra la sociedad durante las últimas crisis globales, permite albergar dosis razonbles de optimismo en este sentido.

Madrid, 29 de abril de 2025

OESTE 6
Panel sobre metabolismo de la Zona Ebro de la propuesta para el Concurso de Ecobarrios para Logroño (2008)